Ayer (lunes) tenía que coger el último autobús de Málaga a Granada (el de las 21:30). Se supone que el recorrido del autobús era de Málaga (o Algeciras, no estoy 100% segura) a Barcelona parando en Granada, Velez Rubio, Benidorm, Alicante, Valencia y Tarragona. Alsa, como SIEMPRE (otro día puedo hacer una entrada en la que rajo de Alsa y de cómo se pasan por el forro de los cojones las reclamaciones de sus clientes, y os podéis unir a mí, que es gratis) puso un autobús adicional sólo Dios sabe porqué, separando la gente que iba a Cataluña de la de Valencia. Ni idea de porqué, en serio, porque el de Barcelona no iba lleno y el nuestro tampoco. El caso es que los que íbamos a Granada (destino final Valencia) teníamos que montarnos en el bus de la compañía subcontratada por Alsa. Y, como SIEMPRE, Alsa te vende por su página web la plaza que tú quieras pero luego hacen lo que les sale de la punta del nabo. ¿Y qué pasó? Que la gente tenía repetidas las plazas. Un drama.
| La gente peleándose por los asientos como si se les fuese la vida en ello, coño. |
Cuando llevábamos algo así como media hora larga de viaje, la chica de detrás apareció en el pasillo y me preguntó que si se podía sentar a mi lado. Le dije que sí y quité mis cosas mirando hacia atrás. Vi que el hombre estaba tumbado cual largo era y le pregunté si le había echado él al ponerle los pies en el asiento o algo. Me dijo que no, que le había dicho algo muy raro. Me quedé pillada y le pregunté lo que le había dicho. Me ha dicho que me iba a meter mano, me contestó.
No sabéis lo muertísima que me quedé en ese momento. No fui capas de preguntarle nada más hasta cinco minutos después. Me contó que no le había llegado a hacer nada porque en cuanto le dijo eso, ella se levantó y se cambió de sitio, pero que mientras hablaban había estado mirando todo el rato, como vigilando para ver si alguien los veía o escuchaba (y, claro, todo el autobús iba a su puta bola). Le pregunté que si quería que fuese a decírselo al conductor, que si quería llamar a la policía, pero no quiso. No sé si por vergüenza o porque nadie la fuese a creer. Le pregunté si alguien iba a recogerla y me dijo que sí, su padre. El resto del viaje hablamos un poco y yo vigilaba al desgraciado a través del reflejo en el cristal.
Cuando llegamos a Granada, le pedí que bajase delante de mí, para interponerme entre el hombre y ella, y al coger las maletas la acompañé a hablar con el conductor, aunque no sé lo que hablaron porque no oí nada. Nos despedimos pero vi que seguía sola, mientras que yo estaba con mis padres. Les conté lo que había pasado y mi padre me preguntó que donde estaba ese malnacido para partirle la cara. Yo no sabía si se había bajado o si continuaba hasta Valencia (sólo sabía que era de Málaga), así que no podíamos hacer nada. Me acerqué con mi madre hasta la chica pero vimos que salía fuera y se montaba en un coche con quien supongo que sería su padre.
No sabéis lo indignada que estoy y la de hostias que le habría dado a ese tío si no fuese porque me podía (y porque me podría denunciar él a mí). Lo peor es que los policías que suele haber en la estación, ¡ni siquiera estaban a esa hora! ¿Y si yo no hubiese estado? ¿Y si no la hubiesen podido recoger? ¿Y si el hombre la hubiese seguido? ¿Y si ella hubiese querido denunciar? ¡Joder, dónde coño estaban! Que no hablamos de que le roben la maleta, sino de que le hagan pasar un mal rato simple y llanamente por ser MUJER, porque el gilipollas se creía con alguna especie de derecho supremo sobre su cuerpo, porque vivimos en una sociedad machista donde esto, señores míos, que te acose un gilipollas y te meta mano sin tu permiso es LO NORMAL. Encima las mujeres no lo contamos por miedo/vergüenza, porque en las violaciones a las mujeres se nos considera unas putas calientabraguetas y no las víctimas de una violencia gratuita por el simple hecho de nacer con VAGINA. Luego tenemos que aguantar gilipolleces como los machistas que dicen que no es para tanto, que todas somos unas mentirosas y unas putas, o esos que dicen que la violencia de género no existe. Qué asco de sociedad y de gente gilipollas, por Dios. Qué asco de tíos que se creen que tú y tu cuerpo les debéis algo simplemente porque ellos han nacido con pene. ¡Qué asco de acosadores!